DECÁLOGO DEL BUEN NARRADOR
(Tomando como referencia una obra literaria como la que nos ocupa)
- Debemos tener siempre presente el único mandamiento del narrador: entretener al lector.
- No hagas leer a los demás lo que nunca leerías tú.
- El narrador debe narrar. Obvio pero difícil de aplicar.
- La verborrea solo sirve para... No sirve en realidad para nada.
- Nunca escribas sin tener nada que decir. Para eso, mejor que te calles y dejes a los profesionales.
- Una historia nace con un número determinado de páginas. Ni una más ni una menos. Acortar o alargar en exceso este límite nos conduciría irremediablemente al fracaso más estrepitoso. (Las narraciones aquí citadas de Conan Doyle rondan las 20 páginas y su rotundidad se halla precisamente en la mesura tomada.)
- El narrador es hermano del prestidigitador: construyen magia desde el engaño, desde una falsedad, se hace ver algo que en realidad nunca ha existido ni existirá. Lo peor que le puede pasar a ambos es que el público descubra cuáles han sido los entresijos del truco.
- Como en todo arte, lo sublime se encuentra en el detalle.
- La genialidad siempre está unida al trabajo.
- Que amemos la literatura no conlleva que tengamos dotes de narrador. Serlo es un don que muy pocos tienen. Plantéatelo seriamente antes de comenzar a sufrir ante tu falta de talento. Este punto debería ser el primero y no el último.